Sí, Stephen Hawking siempre contaba con una idea interesante ante cualquier pregunta; su respuesta, regularmente, tenía la intención de sorprender y dejar pensando a su interlocutor, el público que estaba atento a sus apariciones. 

 

No negaba la existencia de vida en otros planetas, es decir, de los extraterrestres, pero no dejaba bien plantada a la humanidad ante ellos, sobre todo por el ejemplo que esta misma había dado: conquistar a nativos que consideraba inferiores.

 

Sobre la inteligencia artificial, era más del equipo de Elon Musk, el cofundador de SpaceX, que ve un riesgo en ella, y no tanto del que apoya su desarrollo y que tiene como una de sus cabezas a Mark Zuckerberg, consejero delegado de Facebook.  

 

Decía que no le tenía miedo a la muerte, sobre todo porque pasados sus 20 años, le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y no le daban más que un par de años más de vida. Entonces, aprovechaba o celebraba cada momento del presente, pese a depender de una silla de ruedas con un sintetizador de voz para poder desplazarse y comunicarse. 

 

 

Vivió 76 años, es decir, la mayor parte de su tiempo condicionado a este artefacto. Sin embargo, eso no impidió que celebrara sus 60 años en un globo aerostático o que probara la gravedad cero a bordo de un Boeing 727 cinco años después. En otras palabras, la única discapacidad que le preocupaba era la del espíritu, por lo que trataba de mantenerla lo más alejada posible. 

 

Hawking tal vez será reconocido por sus múltiples aportaciones sobre los agujeros negros, en especial por su teoría de la radiación, en la que decía que éstos son capaces de desprender energía, perder materia e incluso desaparecer. 

 

En el libro “La naturaleza del espacio y el tiempo”, de 1996, escribió: "Einstein estaba equivocado cuando dijo ‘Dios no juega a los dados’. La consideración de los agujeros negros sugiere que Dios no sólo juega a los dados, sino que a veces nos confunde lanzándolos a donde no se pueden ver”. 

 

De manera simple, el científico británico trataba de difundir sus ideas sobre las estrellas, tal vez era su principal misión, e incluso quería que sus libros fueran vendidos en kioscos de aeropuerto, declaró en 2004 a The New York Times

 

En "Breve historia del tiempo", de 1988, planteaba la idea de la razón de ser del universo: “Si encontramos la respuesta a eso, sería el triunfo definitivo de la razón humana, pues entonces conoceríamos la mente de Dios”. 

 

Hawking se hizo de un gran lugar en la ciencia –aunque no ganó el Premio Nobel–, ya que combinó diferentes campos de la física, como la gravitación, la cosmología, la teoría cuántica, la termodinámica y la teoría de la información.

 

El gran peso que ganó en la academia, no impidió que hiciera apariciones en las series The Big Bang Theory, de la cual era fan, y Los Simpson como personaje amarillo. 

 

Mención aparte merece la película La teoría del todo (2014), que retrata el periodo de juventud de Hawking y hace énfasis en el romance que tuvo Jane Wilde, con quien tuvo tres hijos. Eddie Redmayne se encargó de darle vida al científico, actuación que le valió el Premio Óscar al Mejor actor. 

 

 

Stephen Hawking, quien parecía tener una respuesta eficaz y certera sobe cualquier tema, falleció la madrugada de este miércoles, a los 76 años de edad. 

Fuente y nota completa: Paréntesis.com

Stephen Hawking, el científico con las mil respuestas