En 1948 el poeta W.H. Auden escribió un libro titulado The Age of Anxiety, el cual ha servido como una de esas frases emblemáticas que describen nuestro tiempo. Si bien Auden escribía en la estela aciaga del genocidio y la destrucción de Segunda Guerra Mundial, la frase encaja perfectamente con nuestra época, en la que la información nos hace estar conscientes de toda una serie de eventos que aparentemente amenazan con perturbar nuestra tranquilidad: el terrorismo, la crisis ecológica, el fundamentalismo religioso, el fin de la privacidad, las drogas, la pornografía, la violencia, etc. Todo está sucediendo en el mundo y nos enteramos al momento, sin importar dónde estemos, la información se presenta de tal forma que nos genera una especie de obligación de estar enterados y participar en la sociedad informada.

Marshall McLuhan, profeta de la globalización, en su libro Understanding Media: The Extensions of Man escribió que "esta es la Era de la Ansiedad por la razón de que la explosión eléctrica obliga al compromiso y la participación, independientemente de ‘un punto de vista’… Si el siglo XIX fue la edad de la silla editorial, la nuestra es la edad del sofá del psiquiatra". Con esto, McLuhan se refiere a que el bombardeo de información al cual estamos sometidos exige que nos pronunciemos, que nos involucremos, que nos preocupemos por cosas que antes no tenían por qué importarnos. Una bomba en Afganistán, una celebridad en Estados Unidos, un escándalo político en la capital, un partido de futbol en España, una fiesta a la que van nuestros amigos en otra ciudad… todo esto está pasando y sentimos la necesidad de saber, de estar ahí sin estar completamente presentes. "En la edad eléctrica, cuando nuestro sistema nervioso está tecnológicamente extendido para involucrar a toda la humanidad e incorporar a toda la humanidad en nosotros, necesariamente participamos en las consecuencias de cada acción". Esta saturación de información que ocurre en los medios electrónicos es una imagen de nuestro sistema nervioso que también se satura y se divide en todos los bits y fragmentos de información, a la vez que tiene un deseo de integración holística, y por lo tanto, una disociación o lo que Douglas Rushkoff llama digifrenia.

 

Si bien los doctores, siempre cercanos a las farmacéuticas, no son muy recatados en diagnosticar a las personas como ansiosos, las cifras sobre el incremento de la ansiedad son contundentes. En Estados Unidos el 18% de las personas padece ansiedad, por mucho la enfermedad mental más abundante. Y el incremento de esta condición en los últimos 80 años traza un arco que responde a la adopción de medios electrónicos, con un pico notable en los últimos años.

 

Los medios electrónicos están disparando información 24 horas los siete días de la semana y nos ofrecen espacios virtuales donde existimos como avatares o simulacros de nuestra personalidad, en los cuales la información no deja de fluir. Estamos y no estamos ahí, y esto produce un deseo de saber a la vez que una angustia.

 

Más allá de que existen seguramente otros factores que determinan nuestra ansiedad colectiva e individual, además de la tecnología electrónica y digital, es evidente que muchas personas sí tienen una relación poco sana con la tecnología que contribuye a un estado de ansiedad. El mismo McLuhan, que diagnosticó esta ansiedad electrónica en 1964, recomendaba para los medios lo mismo que los doctores cuando quieren tratar una enfermedad mental: primero entender su desarrollo. “La examinación del origen y el desarrollo de las extensiones individuales del hombre deben de ser precedidas por una indagación de los aspectos generales de los medios o extensiones del hombre, empezando con el nunca bien explicado aturdimiento que cada extensión trae a la sociedad y al individuo". En otras palabras, entender cómo funcionan y qué efectos tienen los medios como extensiones de nuestros sentidos o de nuestras funciones perceptuales. Entender que tienen un fuerte potencial de producir ansiedad, es el punto de partida para una adopción más sana.

Fuente y nota completa: Paréntesis.com

¿Vivimos en la Era de la Ansiedad por los gadgets?